Los desastres provocados por fenómenos hidrometeorológicos como huracanes, tormentas tropicales, inundaciones y sequías extremas han concentrado más del 90 por ciento de las declaratorias de emergencia y de las pérdidas económicas evaluadas por el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred) en Veracruz durante la última década.
Los estudios indican que la vulnerabilidad geográfica del estado, combinada con la aceleración del cambio climático a nivel global, ha dejado un saldo devastador traducido en severos daños a la infraestructura pública, pérdidas patrimoniales y lamentables cobros de vidas humanas.
De acuerdo con registros de la Comisión Nacional del Agua (Conagua) y la Secretaría de Protección Civil del Estado, Veracruz ostenta la tasa más alta de impactos directos de ciclones tropicales y sistemas de tormenta en todo el territorio nacional.
Esto se ha visto agravado en los últimos años debido a la modificación de las dinámicas climáticas explicada por el investigador Carlos Gay García, quien señala que el calentamiento global, impulsado por las emisiones de gases de efecto invernadero desde la era industria, ha elevado las temperaturas oceánicas y la intensidad de las precipitaciones a niveles sin precedente.
Añadió que las repercusiones financieras y sociales de esta crisis meteorológica quedaron en evidencia con los acontecimientos registrados en el norte de la entidad en octubre de 2025.
En esa fecha, las lluvias asociadas a una depresión tropical provocaron el violento desbordamiento del río Cazones, inundando amplios sectores de municipios como Poza Rica y Álamo, donde miles de familias sufrieron la pérdida de sus enseres domésticos y la parálisis de la actividad económica.
Destacó que el impacto económico de estos eventos se multiplica debido a factores de vulnerabilidad estructural que prevalecen en los municipios veracruzanos.
Enfatizó que la insuficiencia de los sistemas de drenaje pluvial, la deforestación ininterrumpida de las cuencas hidrográficas, el cambio incontrolado de uso de suelo y el asentamiento de zonas urbanas en los márgenes de ríos de respuesta rápida y laderas inestables incrementan la magnitud de las pérdidas materiales ante cada temporada de lluvias.
Fuente: Hora Cero

